Crecer también significa aceptar cambiar

Una conversación con

Co-fundador y Director General de Grupo Pastriva

Desde sus inicios en 2015, ha participado en el crecimiento y expansión de la empresa, enfrentando los retos que implica pasar de un proyecto a una operación cada vez más estructurada.

En esta conversación hablamos sobre cómo nació Pastriva, qué hay detrás de la diversificación de un negocio familiar y qué se necesita para seguir creciendo cuando las condiciones del mercado cambian.


Pastriva ha logrado posicionarse en un mercado tan competitivo como el de Guadalajara. ¿Cómo nace la idea de crear Pastriva y qué vieron en el mercado que les hizo apostar por este proyecto?

La empresa nace a finales de 2015. Yo estaba por terminar la universidad y prácticamente toda la carrera había trabajado en el despacho, con un perfil de auditoría. Me gustaba el trabajo de oficina, pero no era mi pasión; siempre me había interesado el tema de los restaurantes.

En septiembre u octubre de ese año viajé con mi papá a Colombia. Ahí vimos una oportunidad interesante alrededor del café, las cafeterías y los desayunos. Regresando del viaje ya veníamos con la inquietud y la decisión de abrir un concepto de cafetería-desayuno.

Uno de nuestros principales clientes del despacho era Abarrotes Raúl, una empresa muy importante dentro del sector de food service en Guadalajara. Durante una celebración de la familia tuvimos la oportunidad de platicarles sobre la idea que teníamos y, a partir de esa conversación, surgió la posibilidad de hacer una sociedad.

Ellos ya tenían avanzado un proyecto de pastelería y de ahí nació Supreme Pastry & Coffee, que se convirtió en el concepto de Pastriva. En febrero de 2016 hicimos la sociedad y comenzamos formalmente el proyecto.

En ese momento, aunque ya existían conceptos de cafetería y pastelería, el mercado no estaba tan desarrollado como lo está hoy. Encontramos un local de aproximadamente 240 metros cuadrados en Rubén Darío, que continúa abierto hasta la fecha, y decidimos apostar por un concepto de cafetería con un estilo que en ese momento todavía no era tan común en Guadalajara.

Así comenzó Pastriva.

Y hay algo que para nosotros representa muy bien lo que ha sido el proyecto: el caleidoscopio. El logo de Pastriva es un caleidoscopio porque representa justamente esa capacidad de adaptarnos a las circunstancias y a lo que el mercado va pidiendo.


Pastriva también surge como una diversificación de un grupo familiar. ¿Qué factores hicieron que ese momento fuera el adecuado para entrar en una nueva línea de negocio?

La decisión de diversificar le correspondió más a mi papá en ese momento. Él había estado mucho tiempo en el despacho y decidió diversificar un poco las líneas de negocio para tener otra actividad fuera de los servicios que ya manejábamos.

Creo que uno de los factores principales fue que existió la oportunidad de hacer una sociedad. Después, durante la pandemia, nosotros adquirimos el 100% del negocio.

También estaba la búsqueda de una nueva línea de ingresos y de diversificar el negocio. Para mi hermano y para mí, que en ese momento estábamos saliendo de la universidad, también representaba un reto importante y una oportunidad para involucrarnos en algo nuevo.

Creo que lo más exigente es el cambio constante.

¿Qué ha sido para ti lo más desafiante desde la dirección de la empresa y cómo han ido adaptando su estructura para acompañar este crecimiento?

La exigencia del público cambia, las necesidades de los colaboradores también y muchas veces aparecen situaciones que están completamente fuera de nuestro control. Lo desafiante es estar preparado para algo y saber que puede cambiar nuevamente.

La estructura la hemos ido adaptando de una manera interesante. Creamos direcciones, por ejemplo, de compras y de recursos humanos, y hemos apostado mucho por desarrollar talento internamente.

La gran mayoría de nuestro talento se ha formado en casa. Hay personas que empezaron como auxiliares de compras y hoy son directores de compras. Muchos de nuestros gerentes de sucursal comenzaron como meseros o baristas.

Entonces ha sido una combinación entre desarrollar talento de manera interna y traer algunas piezas clave del mercado para acompañar el crecimiento de la empresa.


¿Qué significa esa adaptación para una empresa que busca mantenerse vigente?

Creo que para mantenerse vigente tienes que saber qué quiere tu cliente y, sobre todo, escucharlo.

Estamos muy acostumbrados en México a criticar al cliente: hay clientes muy exigentes, que quieren algo diferente a lo que nosotros ofrecemos. Pero creo que lo importante es escuchar qué está buscando, qué calidad quiere y entender que hay clientes para todo.

Hay clientes que buscan un menor precio y otros a los que no les importa tanto el precio y buscan una mayor calidad. Tienes que definir muy bien quién es tu cliente.

Creo que eso es lo más importante, tanto para mantenerte vigente como para decidir si vale la pena apostar por un determinado proyecto.


Desde tu experiencia, ¿qué consejo le darías a alguien que hoy está pensando en emprender y construir su propio proyecto?

Creo que uno de los grandes errores es pensar que, porque la barrera de entrada a un negocio es baja, cualquiera puede entrar.

En el caso de los restaurantes, por ejemplo, no necesitas una cédula para abrir uno. Pero eso no significa que sea sencillo. Esa barrera de entrada relativamente baja hace que muchas personas entren sin tener suficiente experiencia y eso termina siendo un problema.

Yo invitaría a quienes quieran tener un restaurante o cualquier otro tipo de proyecto a conocer primero el negocio y desarrollar experiencia.

Por ejemplo, si yo quisiera poner una firma de abogados, primero buscaría trabajar y hacer experiencia en una firma para después poner la mía. Creo que con los restaurantes pasa lo mismo.

Hay que conocer el negocio antes de querer dirigirlo.